La deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur
reproduce el texto del capítulo 2 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
1. Antes de Franco: la eficacia de la violencia de los vascos como impediente de la legitimación del Estado español.
El problema clave del nudo gordiano que llamamos "problema vasco" es la deslegitimación del Estado español en Euskadi. Precisamente se titula La legitimación del Estado en el País Vasco la segunda parte de un libro importantísimo del sociólogo vasco Alfonso Pérez-Agote La reproducción del nacionalismo. El caso vasco (Madrid, C.I.S. y Siglo XXI, 1984). Que vamos a emplear como guía y fuente de las próximas páginas.
Dice Pérez-Agote (Pág. 55):
"Caro Baroja describe dramáticamente el papel jugado en la historia del País Vasco por un extraño personaje: la violencia, la guerra. Según él, es la guerra -toda una serie de guerras en un periodo muy corto de tiempo-, la que ha producido los trazos específicos del pueblo vasco de hoy. Es la violencia, la guerra en sí, la invasión, la miseria de las familias más que los problemas económicos, sociológicos, jurídicos. Estas guerras (de la Convención, de la Independencia, la de los Cien Mil Hijos de San Luis, la de los Siete años, la segunda guerra civil…) han coincidido en el tiempo con grandes catástrofes técnicas y económicas (ruina de la construcción naval en madera, de las ferrerías, caída del imperio de América) y con la destrucción de sociedades sistemáticamente organizadas según los criterios del Antiguo Régimen…
Desde hace dos siglos, la sociedad vasca se encuentra en una situación esquizoide, de escisión entre lo que en principio podemos calificar como dos definiciones sociales y políticas de la realidad social. La caída del Antiguo Régimen está plagada de dificultades y tensiones en el País Vasco. La violencia y la tensión son continuas. Las guerras carlistas constituyen la expresión más importante, aunque debemos suponer que entre las guerras la situación es de tensión continua…
Cualquiera que sea la fecha que pongamos para el inicio del Estado centralizado moderno en España, en esa fecha encontramos un País Vasco con la violencia anclada en su vida social, un País Vasco en el que algún sector social, el que sea, se cuestiona el Estado y la legitimidad del monopolio de su violencia. Es decir, que encontramos sectores sociales que en mayor o menor grado ponen en tela de juicio la existencia de la comunidad nacional española, lo que da lugar a la imposibilidad e formación de una evidencia social sobre su existencia. El nacionalismo vasco es, por tanto, el soporte más que de una crisis de legitimación de una permanencia en el tiempo del momento fundacional de Estado.
La importancia social mayor de la violencia localizada territorialmente no estriba en su capacidad de romper el aparato del Estado… La eficacia de esta violencia ha sido fundamentalmente de tipo subjetivo, es decir, la de impedir que se genere paulatinamente una evidencia social de que existe una comunidad nacional sobre el territorio estatal total. Sobre el territorio vasco existe durante la formación del Estado una violencia alternativa que es físicamente mucho menor que la del Estado. Los vascos han perdido en sus peleas contra el Estado, en el sentido de que nunca han logrado romper el aparato de Estado, aunque hayan logrado conmoverlo. Pero no han dejado que el aparato de Estado legitime en términos de Nación el propio Estado". (58)
2. La violencia franquista contra Euskadi y la ineficacia de la legitimación franquista del NUEVO Estado español.
La sublevación franquista contra el Gobierno legítimo de la II República adopta la forma en Euskadi de una violencia externa desencadenada contra los vascos. Esa primera, originaria, violencia franquista sobre y contra los vascos (la de la guerra y la primera postguerra) adquiere la forma de represión masiva e indiscriminada contra los vascos y lo vasco. Manu Elu Lipúzcoa publica La Iglesia como problema en el País Vasco (Buenos Aires, Editorial Vasca Ekin, 1973). En este libro reproduce unos datos tomados de Astilarra (pseudónimo): Historia documental de la guerra de Euzkadi (aparecida en México en 1941 con más de 800 páginas y numerosísimos documentos vascos, españoles, alemanes, italianos y franceses) Que cifran en 930.000 los vascos que sufrieron el impacto de la primera violencia y represión franquistas.
| Vascos muertos en campos de batalla
Vascos muertos por la aviación Vascos heridos de gravedad Vascos asesinados o fusilados (hasta marzo de 1939) Vascos prisioneros en campos de castigo (en 1939) Vascos exiliados por fuerza o por voluntad Vascos sancionados de otras formas |
.....
..... ..... ..... ..... ..... ..... |
10.800 15.200 49.500 21.780 86.550 150.000 595.000 |
| 929.630 | ||
Los "vascos sancionados de otras formas" son quienes sin sufrir condena de prisiones o exilio –nos dice Lipúzcoa-
"fueron incluidos y afectados por otra clase de castigos; prisión moderada, obligación de presentarse y firmar cada día o periódicamente en los registros de la policía o en los cuarteles de la Guardia Civil, retención de sus cuentas corrientes, requisa de muebles o inmuebles y negocios , multas no inferiores a las 10.000 pesetas (de 1939), destitución de cargos, empleos, sueldos, etc." (59)
En función de la población calculada para las cuatro provincias vascas (1.324.000 habitantes) eso significa que el 70.22 ª% de la población vasca sufrió los efectos de la primera violencia franquista.
Todavía en 1984 una encuesta dirigida por el sociólogo vasco José Ignacio Ruiz de Olabuenaga –director a la sazón del Gabinete d Prospección Sociológica de la Presidencia del Gobierno Vasco- encuentra un 15% de la población mayor de 18 años que fue afectada personalmente o en algún miembro de su familia por la primera violencia franquista. Ese 15% supone 238.000 personas que sufrieron esa violencia que, como escribe Ruiz de Olabuenaga (Violencia y ansiedad en el País Vasco, Bilbao, Ediciones Ttarttalo, S.A., 1985): "Va desde la represión económica hasta la cárcel, el exilio y aún la muerte" (60)
La magnitud, la extensión, la intensidad y la forma y los destinatarios de esta primera violencia franquista contra los vascos fueron la causa de que no funcionara en Euskadi el mecanismo de legitimación franquista del NUEVO Estado español.
El NUEVO estado español nace de la guerra, Nace la aplicación de la fuerza. Es un Ejército victorioso (en Euskadi un Ejército victorioso invasor) que tiene que convertirse en Estado. Recuérdese la definición de Max Weber:
"un Estado es una comunidad humana que se atribuya (con éxito) el monopolio del uso legítimo de la fuerza física dentro de un territorio dado".
El autollamado NUEVO Estado español tiene de hecho, el monopolio de la coacción física, el monopolio del uso de la fuerza física dentro del territorio. Su problema es convertir ese monopolio de hecho en monopolio de derecho. Su problema es legitimar su fuerza, legitimar su violencia. Legitimar su NUEVO Estado para que al convertirse en Estado deje de tener que estar continuamente empleando su fuerza.
Precisamente la peculiar forma de legitimación que Franco va a buscar para su Guerra y para el Estado que sobre la victoria en ella funda es la religiosa. Su mecanismo de legitimación es el MITO DE LA CRUZADA. Y el problema con el que tropieza Franco en Euskadi es que en Euskadi la Iglesia, la religión, los sacerdotes y los fieles estaban fundamentalmente, masivamente, en el campo de sus enemigos. En el Gobierno Vasco enemigo de Franco es hegemónico el PNV que es un partido católico confesional. Hay capellanes católicos en los batallones republicanos vascos. El Gobierno Vasco va a Misa en corporación. Las iglesias están abiertas y las personas y los bienes de sus miembros seguros y protegidos. ¿Cómo iba Franco a poder legitimar su guerra contra los vascos como UNA CRUZADA CATOLICA? ¿Cómo iba a legitimar en términos religiosos en NUEVO Estado español vencedor de Euskadi en Euskadi? No podía. No pudo.
No podía hacerlo cuando las tropas franquistas, al vencer, empezaban por torturar y fusilar a sacerdotes vascos. Y seguían torturando, asesinado y fusilando a los patriotas vascos que en su gran mayoría eran PNV y católicos, muchos de ellos fervientes.
Ander Gurruchaga, otro sociólogo vasco, autor de El Código Nacionalista Vasco durante el franquismo (tesis doctoral publicada en Barcelona, Anthropos Editorial del Hombre, 1985) lo formula rotundamente:
"El dato más significativo es que la legitimación de la Iglesia que en otras partes del país funcionó y resultó un factor de alta significatividad para el éxito y posterior institucionalización del régimen del General Franco, en el País Vasco no funcionó". (61)
3. La falta de legitimación del Estado franquista en Euskadi le fuerza a usar continuamente la violencia física contra los vascos.
Alfonso Perez-Agote ha resumido espléndidamente el mecanismo profundo de los problemas de Franco con los vascos: "el Estado franquista no consigue una legitimación mayoritaria para su violencia Y, POR TANTO, NO PUEDE DEJAR DE UTILIZARLA CONTINUAMENTE".
Ese es el mecanismo que, en última instancia, produce ETA y produce la adhesión de los vascos a ETA.
Alfonso Pérez-Agote hace en su libro una excelente valoración de la trascendencia sociológica y política de la inicial postura del franquismo con los vascos (pág. 75 de su obra ya citada):
"El primer decreto que el nuevo Estado dedica al País Vasco cuando conquista Bilbao en 1937 es la abolición de los Conciertos. Este decreto nos da el primer índice de cómo se va a plantear su legitimación el Estado de Franco en el País Vasco. En el preámbulo o la exposición de motivos se califica a las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa de "provincias traidoras". Se trata no de castigar a los traidores de estas provincias, pocos o muchos sino de castigar a las provincias como desmarcaciones objetivas. CON LO CUAL EL NUEVO ESTADO DISCRIMINA OBJETIVAMENTE UN TERRITORIO ATRIBUYËNDOLE UNA SIGNIFACION SOCIAL DIFERENCIAL. En otros pueblos del Estado, la entrada del ejército rebelde, de los "nacionales", era presentada como una restauración de la unidad perdida, como "liberación de un territorio de hermanos que había estado sometido a unas manos traidoras" y se castigaba a los traidores, pero no se calificaba de traidores a los territorios.
La entrada en el País Vasco se hace llamando "provincias traidoras", lo que significa un código de guerra, es decir, augura que la violencia del poder que ahora se impone por la guerra va a seguir imponiéndose así. Es el augurio de que el Estado no va intentar una eficacia legitimadora sino que INTENTA PROSEGUIR EN SU VIOLENCIA FUNDACIONAL. Y efectivamente la política del Estado será durante el franquismo fundamentalmente represiva, sin intención de atraerse a esos territorios a la llamada unidad de la patria. La declaración hecha en 1937 a la entrada en Bilbao se va a perpetuar en su contenido a través de la represión política, idiomática, cultural, etc, etc; y, como momentos simbólicos fundamentales, a través de esos mecanismos sociológicamente tan importantes que son los estados de excepción". (62)
4. Los estados de excepción reproducen simbólicamente la violencia fundacional del régimen franquista y crean una situación de violencia indiscriminada del Estado español sobre el territorio vasco.
Ander Gurruchaga, en su obra ya citada El Código Nacionalista Vasco durante el franquismo, expresa acertadamente la ligazón existente, a nivel simbólico también, entre la violencia fundacional del NUEVO Estado español de Franco en Euskadi y la violencia estatal española desencadenada de nuevo contra los vascos en los estados de excepción. Véanse sus páginas 293 y 297:
"Los estados de excepción reproducen simbólicamente el acto fundacional del nuevo Estado franquista porque implican que abiertamente la violencia se transforma en el principio fundador del orden franquista. La consecuencia de esta situación se interpreta como la reproducción del "código de guerra que dio origen al surgimiento del régimen franquista, es decir, deslegitimación como sistema social capaz de crear un espacio público donde la convivencia sea evidente…
… los estados de excepción reproducen simbólicamente la violencia fundacional del régimen franquista y representan la escisión de la sociedad en dos grupos que se reconocen uno a otro en los actos cotidianos o excepcionales de transgresión. Así pues, el punto de unión de unos y otros es el conflicto, la transgresión de la normativa oficial". (63)
Esa reproducción simbólica, repetida en los veinte años que van de 1956 a 1975 nueve veces para Guipúzcoa, siete veces para Vizcaya y cuatro veces para Alava y Navarra, explica sin duda por qué los vascos recuerdan mucho más vividamente que el resto de los habitantes del Estado español la insurrección franquista. Recuerdo más vívido del que están siendo ejemplo contínuo los meses transcurridos desde que se han cumplido los 50 años de la sublevación contra el Gobierno de la República.
Ha sido Alfonso Perez-Agote quien ha aislado, con precisión, la función clave de los estados de excepción franquistas, En una conferencia dictada en el mes de febrero de 1980 con el título de Problemas de legitimación del Estado franquista en el País Vasco y recogida y reelaborada en su libro ya citado La reproducción del nacionalismo…, nos señala (pág. 79 y sgtes.):
"¿Qué son los estados de excepción?. La declaración de estado de excepción significa la creación de una situación de violencia indiscriminada sobre un territorio. Por supuesto que en el País Vasco se daba continuamente una persecución, discriminada, a los demócratas, a la izquierda, a los nacionalistas, etc. Se sufría una persecución que aunque abarcaba a amplios sectores de la población era relativamente discriminada respecto a ésta. Pero los estados de excepción tenían la virtud de no discriminar, de provocar una situación de violencia represiva de un territorio definido… En este sentido fue paradigmático (aunque tal vez sea porque su cercanía en el tiempo hace que nos acordemos mejor de él) el último estado de excepción, durante el que pueblos enteros, barrios enteros, ciudades enteras fueron sometidos a situaciones de temor indiscriminado…
Lo que lleva consigo esa indiscriminación de la población a la hora de reprimir sobre un territorio es precisamente la discriminación del territorio objetivamente definido, en términos de violencia y de significación social. La discriminación del territorio, lo cual deslegitima la unidad del territorio del Estado y legítima, es decir, da significación social al territorio diferenciado en términos de unidad y de diferencia. Dentro del territorio diferenciado por la represión este territorio es significativamente diferencial, tanto para los nacionalistas como para los que no lo son. Pero la significación de este territorio afecta también a los ciudadanos del Estado que no lo habitan, porque es el Estado el que objetivamente está marcando este territorio (y hoy en día la significación de Euskadi como territorio diferenciado sigue dándose, pues tanto nacionalistas –vascos como nacionalistas—españoles se plantean Euskadi como problema)". (64).
5. La discriminatorio violencia estatal franquista contra los vascos (distinta, mayor y diferente de la que se ejerció contra los otros pueblos del Estado español) produjo la violencia de respuesta de ETA y la adhesión del pueblo vasco a ETA.
Los "estados de excepción" son los momentos (momentos que duran meses) culminantes y exacerbados de la violencia estatal franquista contra los vascos pero esa violencia se ejerce también cuando no hay estado de excepción. El resultado es que son docenas de miles los vascos detenidos, miles y miles los vascos presos y torturados por el Estado español franquista.
No vamos a acumular aquí ni siquiera una mínima reseña de la abundantísima bibliografía sobre el tema ni de los documentos eclesiásticos, de organismos internacionales (AMNESTY INTERNATIONAL p.e.) y de todo orden que denuncian esa realidad, Daremos tan sólo una prueba de que la vivencia de haber sufrido esa violencia estatal franquista discriminadamente (mayor, distinta y diferente que otros pueblos del Estado español) es una evidencia social compartida por todas las clases sociales vascas.
Un sociólogo vasco, Luis Nuñez, publica en 1977 una trilogía de la que forma parte el libro La sociedad vasca actual (San Sebastián, Editorial Txertoa, 1977). En él figuran estos dos párrafos:
"La importancia de la represión ha sido tal que es imposible hacer de ella una valoración que represente algo o que indique algo más o menos preciso. Creemos que la represión ha ejercido una influencia grande en la actual generación vasca, en su cultura, en la manera de ver el mundo, en su sicología. El fenómeno de la represión física ha sido sin duda alguna uno de los de mayor importancia social de los tiempos recientes. No es en absoluto exagerado decir que ha marcado a una generación. No tanto quizá como una guerra, pero tampoco mucho menos.
La represión está en la base de muchos de los reflejos y comportamientos actuales de la población. Así dentro del entramado de causas y efectos que se entrelazan a la descripción de la actual sociedad vasca, la represión tendría que figurar, ya hoy, más bien entre las causas de la situación presente". (65)
Lo que convierte a esos párrafos en una prueba de la evidencia social de las características de la violencia estatal franquista para todas las clases vascas es que la trilogía de libros en que están incluídos fue financiada por dos sindicatos empresariales vascos (E.K.O.R. con sede en Eibar y S.E.D.A., de Vitoria). Y fue asumida en la presentación publicada y firmada por los dos sindicatos empresariales en la página 4 del mismo libro.
Ha sido otro sociólogo vasco, Francis Jaureguiberry (autor de un libro absolutamente clave: Question nationale et mouvements sociaux en Pays Basque sud, Thése de doctorat de troisieme cycle en sociologie presenté et soutenue le 20 décembre 1983, multicopiada, Ecolle des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris, 1983) quien ha formulado una magistral síntesis del complejo proceso dialéctico por el que la violencia del Estado español franquista contra los vascos va a producir: 1) una violencia de respuesta (la contraviolencia de ETA); 2) LA ADHESIÓN AFECTIVA DEL PUEBLO VASCO A ETA; 3) un "nuevo" nacionalismo vasco que, esta vez, es de izquierda.
Dice Jaureguiberry, en las páginas 229 y 230 de su tesis:
"E.T.A. no es en efecto más que la parte visible de un iceberg que la época de los hielos y el frío del franquismo no ha cesado de formar a lo largo de esos treinta años (1940-1970). Un iceberg de oposición y protesta sorda frente a la represión de la dictadura. Cuanto más mordiente se hacía el frío de ésta, más sólido devenía aquél.
Al imponer una represión ciega y generalizada en el seno de las provincias vascas, el poder soldaba a sus habitantes en un mismo bloque de oposición. Al discriminar las provincias vascas respecto de las del resto del Estado español, el franquismo hacía "hablar" a la represión: el lenguaje de la diferencia.
Una diferencia que no tenía necesidad de ser buscada en la pureza de la raza, en la lengua, en esos rasgos diferenciadores detrás de los cuales los primeros nacionalistas vascos, obsesionados por su visión esencialista y empírica de la nación habían corrido de tal forma. La diferencia era cotidiana, trascendente, estigma de esta ley de excepción y de represión permanente que el franquismo imprimía por todas partes en el País Vasco. En las calles, los lugares públicos, los centros de trabajo y de aprendizaje, y hasta sobre el cuerpo de los torturados, esa ley marcaba cada día en letras de sangre su verdad, que habría que devenir histórica: tú sufres porque tú vives aquí; porque tú eres vasco.
Sin saberlo, el franquismo estaba en trance de crear las condiciones para la aparición de un nacionalismo (vasco) totalmente inédito. El despegue del mismo fue lento al principio, después se acelera durante los años 60, para devenir evidente a los ojos de todos a partir del comienzo de los años 70.
Al permitir a todos los habitantes del País Vasco poderse pensar simbólicamente UNO frente a la ley específica que les era inflingida y que les designaba a todos como "vasco", el franquismo iba a forjar una identidad vasca nueva. Una identidad transgresiva.
Poco a poco, los símbolos vascos, perseguidos con encarnizamiento, van a efecto a hacer nacer la "sociedad vasca"; esta sociedad civil subterránea que vive de cara a la muerte (que emana) del poder represivo. Una sociedad clandestina hecha de mil transgresiones, utopías y debates, pero ante todo y sobre todo de deseo de libertad.
Es convirtiéndose en la voz (que no en el texto) de ese deseo de libertad como el nacionalismo vasco cambia totalmente. Dejando de ser motivo de división, la nación vasca deviene –al contrario-- en símbolo de unión, "territorio liberado" donde se cruzan todo un conjunto de esperanzas contenidas. Es a esta forma de existencia inédita de lo nacional vasco a lo que nombramos globalmente aquí nuevo nacionalismo vasco." (66)
Ha sido sin duda Perez-Agote quien mejor ha descrito la compleja forma en que la sociedad civil vasca (trangresiva, subterránea, clandestina), que sufre continuamente la represión de la violencia estatal franquista, se adhiere afectivamente a la "única" respuesta existente al orden de la represión: la violencia de ETA. En un artículo publicado en El País (2 de diciembre de 1986) titulado: Euskadi, la nueva generación, señala:
"Durante el franquismo, la densa y creciente red de vida interactiva (cuadrillas de amigos; asociaciones de danza, de monte, culturales, etc.; ritual colectivo de poteo) ha estado sometida hasta ese momento (el Proceso de Burgos) al silencio público. El silencio público impuesto a estas formas de vida no las disuelve, sino que le confiere carácter político y en ellas se vas generando una adhesión afectiva a la violencia de ETA, que se constituye en lenguaje expresivo de aquel silencio".
Precisamente Perez-Agote titula El silencio social y la violencia como lenguaje su descripción del período 1959-1970 del proceso de reproducción de la conciencia nacionalista vasca en su libro. Y dice allí:
"El Estado impone el silencio a toda forma de descontento social y político, por un lado, y a toda forma de expresión autóctona en término de símbolos vascos. Se ejerce, por un lado, una violencia sobre los símbolos (por parte del Estado y por parte de la oligarquía industrial y financiera bilbaína) violencia física sobre la población.
Por otro lado, ETA se va afianzando cada vez más en la violencia armada…" (67)
Y añade que ante esa situación la red de vida interactiva (cuadrillas, asociaciones, etc) actúa produciendo un doble y simultáneo efecto:
"por un lado, se da la vivencia personal y biográfica de la violencia del Estado sobre el individuo mismo en el círculo de sus allegados (población pequeña y vida relacional muy amplia) y, por el otro, se da una progresiva identificación afectiva con la "única" respuesta (ETA) existente al orden de la represión. Hablamos de identificación afectiva porque no se trata fundamentalmente de una valoración positiva de la acción de ETA desde los propios presupuestos políticos del individuo o del grupo, sino de algo más profundo desde lo cual se valora la vida social y política… Se da por un lado una relación de reforzamiento entre vida colectiva y acción violenta, y entre ambas y el Estado una relación de enfrentamiento. Violencia y política se instalan, por tanto, en la vida personal y colectiva, y según van creciendo la intensidad de las relaciones sociales, la identificación afectiva con la violencia (de ETA) y el rechazo vital de la otra violencia (la del Estado), la biografía individual y la bibliografía colectiva van confundiéndose más. La imposibilidad de expresión de esta densa vida colectiva hace aumentar la presión social, en una espiral creciente que saltará en los años 70". (68)
El siguiente periodo recibe de Perez-Agote el siguiente título: La ruptura del silencio: la calle como espacio político (desde el Consejo de Burgos hasta la muerte de Franco). Y subraya el papel crucial del Consejo (Proceso) de Burgos y las movilizaciones sociales a él aparejadas, diciendo:
"… son precisamente estas movilizaciones las que suponen la ruptura del freno impuesto a la expresión pública de la densa vida colectiva cotidiana centrada simbólicamente en la experiencia de la violencia y la represión… Cada vez más, a partir de 1970, la vida colectiva, a través fundamentalmente de su vida asociativa y de la cuadrilla, se volcará en la calle en los momentos cruciales de la vida social… La ocupación de la calle, a pesar de su carácter intermitente, supone la apertura de un proceso por el cual los símbolos van saliendo a la superficie social: el nacionalismo se hace público y públicos se hacen los símbolos de la diferencia. Se asiste a un proceso por el cual cada vez más se expresa una conciencia mantenida hasta entonces en la privacidad. En este sentido, en la calle, en el espacio público, el nacionalismo se va haciendo dominante.
Este proceso por el cual la vida colectiva se hace política culminará en el postfranquismo. Este nuevo elemento se interfiere en la dinámica reforzamiento-enfrentamiento que hemos visto en el período anterior. El mutuo reforzamiento se hace ahora entre vida colectiva, ocupación de la calle y violencia de ETA, todo ello enfrentado con el Estado." (69)
6.La Reforma Política que después de Franco pretende legitimar el NUEVO Estado español (denominado la "joven democracia española") tampoco consigue hacerlo en Euskadi. El rechazo de la Constitución en Euskadi.
A la muerte de Franco en Euskadi se repite la historia de 45 años atrás. El mecanismo legitimador del NUEVO Estado español franquista basado en el MITO DE LA CRUZADA no funcionó en Euskadi. El mecanismo legitimador del NUEVO Estado español postfranquista, basado en la Reforma Política "por la que los españoles se dan a sí mismos la joven democracia española", tampoco funcionó.
En junio-julio de 1978, celebradas ya las primeras elecciones legislativas del 15 de junio de 1977, concedida una muy amplia amnistía, realizados evidentes cambios en las leyes y en las prácticas políticas, en plena elaboración de un texto constitucional, el profesor Juan J. Linz dirige una amplia encuesta sociológica, realizada por DATA, S.A. y financiada por la Fundación Democracia y Humanismo. Son 5.898 entrevistas para el conjunto del Estado español y 1.040 para las cuatro provincias vascas. El propio Linz en su obra Informe sociológico sobre el cambio político en España 1975-1981 (Madrid, FOESSA y Editorial Euroamerica, 1981) resume así:
"Celebradas ya las primeras elecciones legislativas en 1977, sólo un 33% de vascos y navarros pensaba que España era ya una democracia frente al 46% del total de españoles".
(70)De acuerdo con la frase: "ESPAÑA ES HOY UNA DEMOCRACIA"
| Total España |
País Vasco + Navarra |
||
| SI NO No sabe, no contesta Base de los T%. Nº entrevistados |
.... .... .... .... |
46 44 10 (5.898) |
33 53 13 (1.040) |
Cuando se celebra el Referéndum para la aprobación de la Constitución española, el 6 de Diciembre de 1.978, sobre un censo de más de veintiséis millones y medio de electores VOTA SÏ EL 58,8% DEL CENSO. Más de quince millones y medio. Las cosas son al revés en Euskadi:
Referéndum constitucional 6-12-1978 en las cuatro provincias vascas
| T% sobre censo |
|||
| Votan SÍ Votan NO, nulo, en blanco, se abstienen |
.... .... |
661.412 1.252.568 |
34,6 65,4 |
| Total censo electoral | .... | 1.913.980 | 100,0 |
Los porcentajes de Síes sobre el censo electoral de cada provincia y de las dos comunidades autónomas luego constituidas fueron:
T% de síes sobre el censo electoral
| t% de síes sobre el censo electoral |
||
| Guipúzcoa Vizcaya Alava Conjunto de la C.A.V. Navarra |
........ ........ ........ ........ ........ |
27,7 31,1 42,3 30,9 50,4 |
El Estado español seguía deslegitimado en Euskadi. Ni había funcionado la legitimación mítico-religiosa en la época franquista ni funcionó la legitimación del voto popular en la época postfranquista.
Factor importante de los resultados del Referéndum fue precisamente la postura del PNV. Javier Corcuera en su aportación titulada La difícil definición del "problema vasco" (en Fernando Reinares (editor), Violencia y Política en Euskadi (Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, 1984):
"El desencanto que sigue a las elecciones de 1977 iba a manifestar muy especiales características en Euskadi, donde mayor había sido la carga de utopismo o, al menos, donde éste no encontró unos cauces que lo integraran de modo constructivo en el sistema político. El riesgo de no ser seguido por parte de su electorado y/o la voluntad de incrementar su importante potencial de intimidación llevan al PNV a no aceptar la Constitución, con lo que EL SISTEMA POLITICO CARECERA EN EUSKADI DE UNA LEGITIMACION ACTIVA POR PARTE DE UNA MAYORIA DEL ELECTORADO. (71)
El mismo Juan J. Linz en su obra antes citada Informe sociológico… comenta que:
"En el País Vasco y Navarra la suma de abstenciones, voto negativo y voto en blanco alcanzan las siguientes cotas: Guipúzcoa 72,3%, Vizcaya 68,9%, Alava 57,7% y Navarra 49,6%, que no se explican sólo en términos reflejos de las formaciones políticas nacionalistas, PNV (que propugnó la abstención) y EE (que propugnó el "no"), sino también por otra serie de razones, tales como la retirada de parte de los electorados que habían votado partidos "españolistas" en el 77, las posturas de rechazo de extrema izquierda y de extrema derecha y la incorporación de la población joven al voto.
Porque este rechazo de la Constitución supera con mucho el volumen de las formaciones políticas que lo propugnaron…
El conjunto de posturas de rechazo y de no apoyo a la Constitución indica la existencia de una sociedad bastante alienada respecto al sistema y por tanto muy conflictiva. Los reproches de ilegitimidad a las instituciones y acciones del sistema se sucederán con frecuencia.." (72)
3. El Estatuto Vasco de Autonomía como intento para legitimar el Estado español en Euskadi Sur.
NOTAS:
AL CAPITULO 2º
(58) Alfonso Perez-Agote: La reproducción del nacionalismo. El caso vasco, Madrid, CIS en coedición con Siglo XXI de España editores, 1984, páginas 55, 77 y 78.
(59) Manu Elu Lipuzcoa: La Iglesia como problema en el País Vasco, Buenos Aires, Editorial Vasca EKIN, 1973, páginas 111 a 113.
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(60) José Ignacio Ruiz de Olabuenaga et alii: Violencia y ansiedad en el País Vasco, Bilbao, Ediciones ttarttalo s.a., 1985, página 50.
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(61) Ander Gurruchaga: El código nacionalista vasco durante el franquismo, Barcelona, Anthropos Editorial del Hombre, 1985, página 155.
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(62) Alfonso Perez-Agote: La reproducción…, op. cit. Página 75.
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(63) Ander Gurruchaga: El código…, op. cit. páginas 293 y 297.
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(64) Alfonso Perez-Agote: La reproducción…,, op. cit. Páginas 79 y siguiente.
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(65) Luis Nuñez: La sociedad vasca actual, San Sebastián, Editorial Txertoa, 1977, páginas 119 y 120.
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(66) Francisco Jaureguiberry: Question nationale et mouvements sociaux en Pays Basque Sud, París, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (tesis mimeografiada), 1983, páginas 229 y 230.
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(67) Alfonso Perez-Agote: La reproducción… op. cit. Páginas 112 y 113.
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(68) Ibidem, páginas 114 y 115.
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(69) Ibidem, páginas 116 y 117.
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(70) Juan J. Linz et alii: Informe… op. cit. página 315.
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(71) Javier Corcuera: "La difícil definición del problema vasco", en Fernando Reinares (editor: Violencia y política en Euskadi, Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, 1984, página 45.
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(72) Juan J. Linz et alii: Informe…, op. cit. páginas 333 y 336.
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